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La colonia española
Colón nombró San Juan Bautista a la Isla de Boriquén, pero no fue hasta 1508 que los españoles establecieron una presencia permanente con Juan Ponce de León como primer gobernador. La subordinación y los malos tratos dados a los indígenas provocaron la rebelión de 1511, mas poco pudieron las hachas de piedra contra los arcabuces y otras armas y estrategias de los conquistadores. Más aún, las enfermedades importadas y las difíciles condiciones del trabajo forzado redujeron su población. Su rol como trabajadores forzados fue reemplazado por africanos importados como esclavos, primero de la misma España y luego de la parte occidental de áfrica. El cruce de estas tres etnias (taína, española y africana) representa el origen étnico y cultural de los puertorriqueños. La mezcla racial y cultural continuó durante los próximos cuatro siglos producto de fuertes oleadas inmigratorias, tales como las de negros libres de las islas vecinas (en el siglo XVIII), los católicos europeos blancos (en el siglo XIX) y los estadounidenses, cubanos y dominicanos (en el siglo XX).
La colonia creció rápidamente y fue una de las bases de apoyo para el avance del imperio español en las tierras continentales. La ciudad principal fue llamada Puerto Rico, por su bahía espaciosa y su puerto natural. Con el paso del tiempo, al puerto se le conoció como San Juan y a la isla como Puerto Rico. Mientras el Imperio crecía y enfrentaba la rivalidad de otros poderes europeos, la importancia estratégica y militar de Puerto Rico opacaba su significación económica (particularmente luego de la conquista de las civilizaciones ricas de los aztecas en México y de los incas en Perú). Para el Imperio en crecimiento, Puerto Rico se convertiría en “la llave a las Indias”, un punto clave para repeler a los intrusos e infieles del Mare Nostrum español.
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