Artes / La mujer en el teatro puertorriqueño
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
Inocentes o culpables de Manuel María Sama

Durante las primeras décadas del siglo XX, la mujer como personaje del teatroteatro: género literario constituido por obras dramáticas, generalmente dialogadas y destinadas a ser representadas en un escenario ante un público. puertorriqueño abandona poco a poco la figura ingenua del ser engañado por los hombres y se convierte en encarnación simbólica de la Patria. En ocasiones, representa la tierra misma. También se proyecta como defensora enérgica del suelo isleño. En algunos textos, patentiza la realidad socio-económica y política de los puertorriqueños. En otros, surge como proyección rebelde ante el coloniaje de su pueblo.

Gracias a Frínico, autor trágico griego casi desconocido, emerge la presencia de la mujer como personaje dramáticodramático: Perteneciente o relativo al drama, género literario al que pertenecen las obras destinadas a la representación escénica, cuyo argumento se desarrolla mediante la acción y el lenguaje, por lo común dialogado, de los personajes.. A partir de éste, otros dramaturgos helénicos escenifican episodios mitológicos en los que destacadas heroínas alcanzan una representación significativa y poderosa. ¿Cuántas Medeas, Antígonas, Electras han invadido las páginas literarias? Igualmente la historia de la humanidad es una de las principales fuentes para la creación dramática. Reinas, heroínas, doncellas destacadas en el acontecer social y político pasan al mundo de los protagonistas. La imaginación, por su parte, también puebla los textos dramáticos de miles de figuras femeninas que surgen de lo soñado, de lo vivido y también de lo deseado.

Con el pasar de los siglos, el teatro como arte escénico gesta grandes cambios. Desde mediados del siglo XIX, la crítica social invade de forma evidente el teatro. Con Ibsen, este proceso de renovación alcanza una mayor intensidad y significación dramática: la mujer como personaje comienza a recobrar la posición que ocupa dentro del mundo trágico griego. Lucha por ser vista como un ser humano y no como un instrumento de placer y símbolosímbolo: figura retórica o forma artística, especialmente frecuentes a partir de la escuela simbolista, a fines del siglo XIX, y más usadas aún en las escuelas poéticas o artísticas posteriores, sobre todo en el superrealismo o surrealismo, y que consiste en utilizar la asociación o asociaciones subliminales de las palabras o signos para producir emociones conscientes. estéticoestética: 1. Perteneciente o relativo a la percepción o apreciación de la belleza. Placer estético. 2. Ciencia que trata de la belleza y de la teoría fundamental y filosófica del arte. 3. Artístico, de aspecto bello y elegante., proceso que se da también en la literatura puertorriqueña.

Tres momentos literarios significativos señalan el desarrollo de la mujer como personaje escénico en la dramaturgia puertorriqueña. El primero abarca la producción del siglo XIX; el segundo, las tres primeras décadas del siglo XX; y el último, desde 1938 hasta nuestros días.

El siglo XIX está matizado por el romanticismoromanticismo: 1. Movimiento que se inició a finales del siglo XVIII en Europa en reacción a la Ilustración, la cual predicaba la supremacía de la razón y el pensamiento. El Romanticismo por el contrario valoraba la subjetividad, el sentimiento individual descontrolado e irracional, el fervor apasionado por lo espiritual, lo misterioso y el amor autodestructivo inspirado por una mujer ensoñada, irreal e inalcanzable. Colectivamente, esta subjetividad se proyecta en una búsqueda del "Volkgeist", es decir del espíritu del pueblo, que busca su identidad nacional expresada por fervores patrióticos, que dieron pie a la formación de los estados europeos. La naturaleza exhibió un doble rostro: uno benéfico y otro destructor. 2. Época de la cultura occidental en que prevaleció tal escuela literaria. español y europeo, y por las influencias directas del teatro de José Echegaray. Los personajes femeninos, en su mayoría, son arrastrados frecuentemente por un destino adverso y rodeados por situaciones de gran patetismo. Son víctimas de amores adúlteros, de la deshonra, de muertes escalofriantes, de encierros en conventos, de la autoridad paterna, de la locura. En los textos decimonónicos, se muestra la marginación femenina del momento. Por ellos, desfilan mujeres engañadas, seducidas y posteriormente abandonadas.

Casimira, una mujer engañada por un español residente en Puerto Rico, es el primer personaje femenino de la dramaturgia puertorriqueña. Aparece en un texto anónimo impreso, según Emilio J. Pasarell, hacia 1811. Otras obras que plantean la misma condición son: Inocente y culpable de Manuel María Sama, Dios en todas partes o Un verso de Echegaray de Francisco Alvarez y Beatriz de Juan Ezequiel Comas.

La mujer sometida a la autoridad paterna iguala la situación de la mujer engañada. Stella (Los horrores de triunfo de Salvador Brau), Rosita (La juega de gallos o El negro bozal de Ramón C. F. Caballero) y Chana (Un jíbaro / Una jíbara de Ramón Méndez Quiñones) son víctimas de la autoridad paterna. En la mayoría de los casos, este yugo impide toda relación amorosa.

Muchos de estos personajes se suicidan o se refugian en un convento, como hace Catalina en Camoens (Alejandro Tapia y Rivera) que, para huir de un destino adverso, se encierra en un convento y cambia su nombre por el de una monja muerta. Los problemas económicos y la constante apariencia social es otro de los temas del momento, como lo ilustran Purita (Vivir para ver o Los monopolios de Modesto Cordero Rodríguez) y María Manuela (La botijuela de Ramón Emeterio Betances).

A pesar de lo dicho, no todos los personajes femeninos del siglo son completamente sumisos. María Bibiana Benítez en La cruz del Morro expone la firmeza y decisión de Lola al no aceptar convertirse en amante del general holandés a cambio de la liberación de sus prisioneros.

Pocos personajes femeninos de esta centuria despuntan como protagonistas absolutos. Julia (La cuarterona de Alejandro Tapia y Rivera) es el primero de ellos. También sobresalen María Manuela (La botijuela de Ramón Emeterio Betances) y Beatriz (personaje de la obra homónima de Manuel Corchado y Juarbe).












Página: 1, 2, 3,




Version: 06100217 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?
Glosario
Ver Glosario
Enlaces Internos
Lengua y Literatura
Mayagüez: Teatro Yagüez
Teatro en Puerto Rico de 1939-1970